Volver

Meses, días, minutos y demasiados segundos. Un tiempo bastante corto en comparación a la cantidad de cambios que hubo.

Cambios que marcaron un verdadero “antes y después”. Cambios repletos de aprendizaje, repletos de sabiduría y amor.

Volver es inevitable, sobre todo cuando la mente y el alma se ponen (por fin) de acuerdo y lo piden.

Pero es volver habiendo cambiado por completo. Es volver siendo otra persona… en realidad es volver siendo la misma persona pero con otro Ser.

Es volver con un amor no solo más firme sino también verdadero y mucho más completo. Mucho más amigable, más sano.

Es volver a sentirse bien, completamente. Volver a escribir.

Volver a vivir.

A.R.

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Vos

A vos que ni te esperaba y apareciste y sin dudarlo me atrapaste.

A vos que me cuidas con un abrazo y proteges mi alma.

A vos que con un beso borras angustias que pensé que eran eternas.

A vos que simplificas mi vida y me haces dar cuenta de lo que realmente importa.

A vos que, sin querer, me haces sentir único.

A vos que te veo en cada persona; te huelo en cada aroma; te escucho en cada sonido.

A vos que nunca me aburrís.

A vos que siempre estás.

A vos que, sin imaginar que podía pasar, te estoy empezando a amar.

A.R.

Dejarse llevar

Los lamentos ya no molestaban a los pensamientos. Tampoco al alma. Las malas experiencias comenzaron a fugarse de la mente y poco a poco (por fin) fueron desapareciendo. La plena libertad se hacía presente y el pasado no estorbaba.

Una lluvia suave había limpiado sus angustias y el sol brillaba como nunca antes. Tal vez las nubes volverían algún día pero eso no le importaba. Ahora estaba en paz y sonreía de verdad.

Una mano tocó su espalda. Sintió una caricia que le llegó hasta lo más profundo de su Ser. Se sintió a salvo. Protegido del mundo.  Se dejó llevar y fue feliz.

A.R.

Emociones

De pronto comenzó a sentir una mezcla de emociones agobiantes.

Sintió miedo,

Incertidumbre y

Nostalgia.

Sintió alegría,

Alivio y

Orgullo.

No dejó de sentir en ningún momento. Todas las emociones a flor de piel. Todas presentes en el mismo momento.

La inseguridad era la real protagonista y la vergüenza naif la acompañaba muy bien.

Nuevamente las dudas y la ansiedad incontrolable.

Decisiones pasadas en duda, un presente tembloroso a su parecer.

Ordenó sus pensamientos. Descansó un instante. Reflexionó sobre el maravilloso momento en el que estaba sumergido por ese entonces y sonrió. Debía disfrutar y no pensar.

Debía vivir.

 

A.R.

Uno mismo.

Fue él. Siempre él . Ante los nuevos amores fue él. Ante los proyectos presentes y futuros fue él.

Se juzgó en reiteradas ocasiones, se hartó y protestó, pero siguió siendo él. Él mismo.

Y sin notarlo demasiado obtuvo la confianza que necesitaba para afrontar los temores diarios e insoportables. Los venció, siendo él.

Y descubrió que ésa era la fórmula. La verdadera respuesta a la tremenda ecuación. Eso y nada más. Aceptarse y ser él.

A.R.