Sencillez

El viento hacía que los árboles movieran sus hojas frenéticamente. El frío ya se hacía notar en las calles.

Se levantó de la cama y abrió la ventana. La brisa helada le dio los buenos días y los pelos del cuerpo se le erizaron al instante.

Abrazando su cuerpo y con pasos rápidos volvió a la cama. La ventana seguía abierta y las cortinas se movían al compás del aire que entraba en aquella habitación.

Tapó todo su cuerpo, inclusive parte de la cara, con el acolchado y contempló la sensación de bienestar que le producía estar así.

Se desperezó unas  diez veces y al cabo de un rato se volvió a levantar. Se preparó una enorme taza de té con leche. Con la mente en calma volvió a la cama.

Sintió una sensación de placer extrema. Tomó un sorbo de té y pensó. Los grandes placeres se encuentran en una cantidad infinita de momentos sencillos.

A.R.

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