Emociones

De pronto comenzó a sentir una mezcla de emociones agobiantes.

Sintió miedo,

Incertidumbre y

Nostalgia.

Sintió alegría,

Alivio y

Orgullo.

No dejó de sentir en ningún momento. Todas las emociones a flor de piel. Todas presentes en el mismo momento.

La inseguridad era la real protagonista y la vergüenza naif la acompañaba muy bien.

Nuevamente las dudas y la ansiedad incontrolable.

Decisiones pasadas en duda, un presente tembloroso a su parecer.

Ordenó sus pensamientos. Descansó un instante. Reflexionó sobre el maravilloso momento en el que estaba sumergido por ese entonces y sonrió. Debía disfrutar y no pensar.

Debía vivir.

 

A.R.

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Uno mismo.

Fue él. Siempre él . Ante los nuevos amores fue él. Ante los proyectos presentes y futuros fue él.

Se juzgó en reiteradas ocasiones, se hartó y protestó, pero siguió siendo él. Él mismo.

Y sin notarlo demasiado obtuvo la confianza que necesitaba para afrontar los temores diarios e insoportables. Los venció, siendo él.

Y descubrió que ésa era la fórmula. La verdadera respuesta a la tremenda ecuación. Eso y nada más. Aceptarse y ser él.

A.R.

Harto.

Volvió a confiar. Volvió a caer. Tropezó con la misma piedra aunque en otro lugar. Se volvió a equivocar.

Intentó levantarse pero no pudo. Decidió permanecer tirado por un tiempo. Reflexionar. Dejar de buscar.

Tendido en el suelo también intentó pensar. Parar un poco. Bajar un cambio.

La angustia se sostenía en sus sentimientos. Se resistió a avanzar. Harto de verse en la misma situación una y otra vez.

Y cuando se sintiera reconstruido, se levantaría, continuaría caminando, pero esta vez con los ojos más abiertos y el corazón más protegido. 

A.R.

Sencillez

El viento hacía que los árboles movieran sus hojas frenéticamente. El frío ya se hacía notar en las calles.

Se levantó de la cama y abrió la ventana. La brisa helada le dio los buenos días y los pelos del cuerpo se le erizaron al instante.

Abrazando su cuerpo y con pasos rápidos volvió a la cama. La ventana seguía abierta y las cortinas se movían al compás del aire que entraba en aquella habitación.

Tapó todo su cuerpo, inclusive parte de la cara, con el acolchado y contempló la sensación de bienestar que le producía estar así.

Se desperezó unas  diez veces y al cabo de un rato se volvió a levantar. Se preparó una enorme taza de té con leche. Con la mente en calma volvió a la cama.

Sintió una sensación de placer extrema. Tomó un sorbo de té y pensó. Los grandes placeres se encuentran en una cantidad infinita de momentos sencillos.

A.R.

Imagen

Sangre

Sangre

Un ruido seco lo despertó en la mitad de la noche. Gotas de sudor se deslizaban por su frente. Aturdido con las imágenes del sueño que había tenido hacía unos segundos atrás, se levantó para ir a ver qué pasaba, qué había sido el causante de aquel ruido.
El living estaba sumergido en una profunda oscuridad. Prendió una luz y descubrió que todo estaba en orden. Se dirigió a la cocina por un vaso de agua, su respiración dejó de ser agitada y volvió a la normalidad.
Al ingresar a la cocina y prender la luz vio un rostro que estaba a centímetros de él. El miedo no le permitió gritar. La punta filosa de una cuchilla perforó su abdomen. La sangre comenzó a rebalsar de sus órganos y sus piernas dejaron de tener fuerza. El cuerpo se desplomó en el suelo.
Tendido en el suelo, pensó en todas las personas que amaba y al mismo tiempo revivió en su mente los mejores momentos vividos a lo largos de sus años. La respiración se tornó densa. El frío se apoderó de cada parte de su cuerpo y su corazón latía de manera lenta y trabajosa. Sus papilas gustativas reconocieron el sabor a sangre que ahora también salía de su boca.
De pronto su cuerpo dejó de pertenecerle, ya no lo sentía suyo. Sus ojos se fueron cerrando y su respiración produjo un último suspiro. Casi sin notarlo, se fue.

A.R.

Valor

Hay momentos en los que uno no se entiende y debe luchar contra sí mismo. Predisponerse a terminar con sus propios males. A enfrentarse cara a cara con sus miedos, con sus defectos, con sus debilidades.

Hay momentos en los que uno decide terminar con aquel tortuoso recuerdo del pasado y tomarlo como una simple alusión de la que se aprende pero no limita. Y es ahí cuando el presente puede seguir su rumbo, aún con los errores cometidos.

Y es ahí cuando la plena libertad se hace presente; la tranquilidad se vuelve cotidiana; la felicidad se encuentra en lo más mínimo; y nos damos cuenta de que no todo depende de nosotros, que es imposible controlarlo todo.

Hay momentos en los que uno decide tirarse al vacío y explorar lo nuevo, sabiendo que lo que nos espera siempre será positivo.

Hay momentos en los que el valor es la única herramienta para lograr el eterno bienestar…

A.R.