Volver

Meses, días, minutos y demasiados segundos. Un tiempo bastante corto en comparación a la cantidad de cambios que hubo.

Cambios que marcaron un verdadero “antes y después”. Cambios repletos de aprendizaje, repletos de sabiduría y amor.

Volver es inevitable, sobre todo cuando la mente y el alma se ponen (por fin) de acuerdo y lo piden.

Pero es volver habiendo cambiado por completo. Es volver siendo otra persona… en realidad es volver siendo la misma persona pero con otro Ser.

Es volver con un amor no solo más firme sino también verdadero y mucho más completo. Mucho más amigable, más sano.

Es volver a sentirse bien, completamente. Volver a escribir.

Volver a vivir.

A.R.

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Tiempo

Sentirse así. Perdido por momentos. Repleto de dudas con respuestas simples. Sí. No. ¿Es esto lo que quiero? Sí. No.

Querer estar ausente. Tener que estar presente.

Los miedos consiguen ganar y los pensamientos se desorbitan. Se confunden. Se pierden y no se encuentran.

Aparece la única solución posible, tan posible como insoportable: tiempo. La cura de todos los males. La solución a todos los problemas. El tiempo.

El cuerpo sometido. La mente, frágil, no se calla, no descansa y se altera.

Esperar. Tiempo. Y ver como todo se acomoda. Como todo se armoniza.

Tiempo. Mientras llega: un papel y un lápiz. Una hoja en blanco. Una hermosa idea. La mente se distiende, se aquieta por un rato, se tranquiliza.

Tiempo. Sólo queda tiempo.

A.R.

Saltar

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Sentir el cuerpo. Tomar impulso. Suspenderse en el aire y perder el control. Dejar que las cosas pasen. Congelar el tiempo en eternos segundos. Sentir la libertad total. Sumergirse en lo desconocido y permitirle al amor entrar en acción, enamorándose; permitirle al presente ocupar los pensamientos, disfrutando el momento; desafiar la gravedad, volando por unos instantes; perder la dirección, encontrando nuevos rumbos. Darle lugar a otra mirada, sabiendo que tarde o temprano saltar implica caer. Y caer implica aprender. Y aprender implica superarse. Y superarse es vivir.

A.R.

Corazón

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Y ahí es cuando te das cuenta de que todo marcha bien, cuando el corazón respira. Te das cuenta de que todo lo que te rodea es magnífico y de que todo lo que está por venir será grandioso.

Crecés. Permutas sin cambiar tu esencia pero sí mejorando tus pensamientos; tu actitud frente a la vida.

Te das cuenta que haber pensado, pese a todo, en positivo valió la pena. El momento presente te acaricia y el futuro te aguarda con los brazos abiertos.

Y es eso lo que hay que hacer. Cuando el corazón respira hay que prepararse. Prepararse para disfrutar y cosechar los frutos que hace tiempo venías sembrando, siempre con el espíritu optimista.

Porque cuando el corazón respira por fin estás en paz.

A.R.

Vivir

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Ese momento en el que no sabés si todo está como te gustaría que esté pero sí que todo está en orden. Te sentís en paz, aliviado, tranquilo… Te sorprende la excelente calidad de amigos que te rodean, lo bien que te hacen sentir y la felicidad que te transmiten día a día.

No importa el futuro, sólo importa el ahora. Vivir y ya. Haciendo las cosas bien, luchando por lo que deseamos y lo que creemos. Despertarse con una sonrisa, acostarse con dolor de panza por haber reído tanto durante toda la jornada.

La lluvia purifica el alma y el sol hace que una estupenda energía recorra cada órgano del cuerpo. La atención se focaliza en lo positivo, los pensamientos se ocupan del momento presente, ya no se preocupan por el mañana.

Y te das cuenta que la vida va más allá. Que es espléndida y que no se piensa, se vive. Te das cuenta que la felicidad depende de vos, de cómo percibís lo que nos pasa, lo que nos rodea. Comenzás a respirar de una manera distinta y los pulmones se llenan de vitalidad. Y sos feliz, punto.

A.R.

Microrrelato: Morir

Cayó al suelo y allí, como si estuviese en un sueño profundo, pudo viajar en el tiempo y observar su pasado, sus millones de momentos vividos, sus hermosos y tristes recuerdos. La herida ya no le agobiaba aunque su respiración no era la misma que antes. Abrió los ojos y volvió al presente. Mira a su alrededor, el humo que hay en el lugar hace que su visión sea nula, sólo oye el llanto de los niños. Advierte lo que ocurre pero no puede moverse. Ya no siente su cuerpo, vuelve a cerrar los ojos y respira por última vez.

A.R.

Dejarse llevar

Los lamentos ya no molestaban a los pensamientos. Tampoco al alma. Las malas experiencias comenzaron a fugarse de la mente y poco a poco (por fin) fueron desapareciendo. La plena libertad se hacía presente y el pasado no estorbaba.

Una lluvia suave había limpiado sus angustias y el sol brillaba como nunca antes. Tal vez las nubes volverían algún día pero eso no le importaba. Ahora estaba en paz y sonreía de verdad.

Una mano tocó su espalda. Sintió una caricia que le llegó hasta lo más profundo de su Ser. Se sintió a salvo. Protegido del mundo.  Se dejó llevar y fue feliz.

A.R.

Fluir

Los copos de nieve le rozaban las mejillas con una suavidad estupenda. Cerró los ojos y alzó la cabeza.

Sintió que no quería pasar los días, sumar 24 horas y nada más, como si el tiempo fuese sólo un medio para atravesar.

Quería vivir cada momento como algo único y maravilloso. De encontrarle el sabor a cada instante. De valorar a quienes tenía cerca, disfrutarlos. De agradecer y reconocer todo aquello que poseía, todo aquello que era. De ser auténtico y arriesgarse siempre.

Con las mejillas coloradas por el frío intenso que su cuerpo estaba padeciendo, abrió los ojos y miró el cielo inundado de nubes densas. Respiró y casi sin notarlo produjo la sonrisa más espontánea de toda su vida. Y vivió el presente.

A.R.

Eso.

Escribir es esa acción magnífica que nos llena el alma. Es eso que nos permite jugar sin prohibición alguna; eso que le da un descanso a la mente y divierte sin consuelo a la imaginación.

Escribir es eso que conmueve, alegra, entristece y enoja. Escribir es jugar. Es armar y desarmar historias.  Es idear personalidades, acciones y sentimientos. Escribir es hacer nacer, crecer y hacer morir también.

Escribir es desnudarse por completo, mostrar lo que hay debajo de la piel. Escribir es mostrar el alma.

Escribir es eso que nos permite plasmar nuestra pesadilla más escalofriante, nuestro sueño más alegre.

Escribir es tener el control de una  historia, es tener el control total del tiempo. Es soñar y no querer despertar jamás.

Escribir es eso. Es libertad, imaginación y creatividad. Eso y mucho más que eso.

A.R.

Cansancio.

Se cansa,

El corazón se cansa.

Se cansa y se agota.

Se agota y se cansa

De dar oportunidades sin sentido.

 

Se agobia.

Se agobia y se desorienta,

Se desorienta y se agobia

De creer en fantasías utópicas.

 

Se harta.

Se harta y se enoja,

Se enoja y se harta

De caer una y mil veces con la misma piedra,

De seguir creyendo,

De permitir que lo lastimen,

De latir en vano.

 

Se cansa.

El corazón se cansa.

Se cansa y aún así sigue.

 

A.R.

Satisfacción plena.

Son esos momentos en los que sentís que por fin hiciste algo bien.

Ves a tú alrededor y ves personas extraordinarias que te valoran y acompañan siempre.

Sentís que de verdad sos feliz y el alma se regocija en un placer puro e infinito.

Y te sentís bien. En calma y tranquilo. Satisfecho.

Son esos momentos en lo que de verdad te sentís en paz y sólo te preocupa el presente, lo que estás viviendo ahora, justo en ese instante.

A.R.

Ese alguien.

Esa persona que te haga tener sueños maravillosos y te haga sentir que tocas el cielo con las manos.

Esa persona que te hace sentir lleno y completamente feliz.

Esa persona que te mire y te haga poner colorado con una simple mirada sostenida en el aire.

Esa persona que te haga sentir protegido, cuidado. Te haga sentir valioso y eterno.

Esa persona que te haga ver la vida color de rosa.

Esa persona que te haga sonreír con apenas un respiro. Que te haga conocer tu carcajada más sincera y espontánea.

Ese alguien perfecto que, por más que a veces pienso que no existe, voy  a encontrar.

A.R.

Emociones

De pronto comenzó a sentir una mezcla de emociones agobiantes.

Sintió miedo,

Incertidumbre y

Nostalgia.

Sintió alegría,

Alivio y

Orgullo.

No dejó de sentir en ningún momento. Todas las emociones a flor de piel. Todas presentes en el mismo momento.

La inseguridad era la real protagonista y la vergüenza naif la acompañaba muy bien.

Nuevamente las dudas y la ansiedad incontrolable.

Decisiones pasadas en duda, un presente tembloroso a su parecer.

Ordenó sus pensamientos. Descansó un instante. Reflexionó sobre el maravilloso momento en el que estaba sumergido por ese entonces y sonrió. Debía disfrutar y no pensar.

Debía vivir.

 

A.R.

Uno mismo.

Fue él. Siempre él . Ante los nuevos amores fue él. Ante los proyectos presentes y futuros fue él.

Se juzgó en reiteradas ocasiones, se hartó y protestó, pero siguió siendo él. Él mismo.

Y sin notarlo demasiado obtuvo la confianza que necesitaba para afrontar los temores diarios e insoportables. Los venció, siendo él.

Y descubrió que ésa era la fórmula. La verdadera respuesta a la tremenda ecuación. Eso y nada más. Aceptarse y ser él.

A.R.

Harto.

Volvió a confiar. Volvió a caer. Tropezó con la misma piedra aunque en otro lugar. Se volvió a equivocar.

Intentó levantarse pero no pudo. Decidió permanecer tirado por un tiempo. Reflexionar. Dejar de buscar.

Tendido en el suelo también intentó pensar. Parar un poco. Bajar un cambio.

La angustia se sostenía en sus sentimientos. Se resistió a avanzar. Harto de verse en la misma situación una y otra vez.

Y cuando se sintiera reconstruido, se levantaría, continuaría caminando, pero esta vez con los ojos más abiertos y el corazón más protegido. 

A.R.

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Vivir.

Vivir.

Puede pasar que la vida nos de algunas pálidas cada tanto. Puede que algunas decisiones nos hagan desperdiciar oportunidades excelentes. Puede que a veces no seamos entendidos por nuestros familiares, nuestros amigos, el común de la gente e inclusive, a veces, no nos entendamos ni nosotros mismos.

Puede pasar que las responsabilidades nos agobien y los miedos recorran todo nuestro cuerpo con total libertad. Y puede que en ocasiones la tristeza envuelva nuestras almas y dudemos de un posible buen futuro.

Pero la mayor flaqueza está en rodearnos de personas a quienes no valoramos. En no confiar en lo que creemos, pensamos y soñamos. En dejar pasar los días y no hacer nada para cambiar la situación que nos disgusta.

En encerrarse y no vivir.

A.R.

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Elegir

Elegir

Ser honesto, alegre y fiel.
Fiel a uno mismo. Fiel hacia los demás. Fiel a las creencias y a los sentimientos.

Sorprenderse, dejarse llevar sin culpa.
Descubrir y transitar. Ver más allá. Escuchar, sentir y observar de verdad.

Otra oportunidad. Darle otra oportunidad al corazón.
Confiar en alguien,
Desear a alguien,
Pensar en alguien.

Luchar. Por lo que deseamos, por aquellas personas que nos importan. Por nosotros.

Elegir y, pese a todo, seguir.

A.R.

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Descansar

Descansar

Sólo se escuchaban unos pocos ruidos de algunos animales que se encontraban allí. Ruidos lejanos y suaves.

Los colores del cielo se volvieron cálidos, de una gama rojiza maravillosa. El sol comenzó a descender y el hermoso paisaje reposó en mi retina. Las estrellas abrazaron mi cuerpo. Contemplé el cielo infinito.

Mi alma se llenó de paz.

Cerré los ojos y dormí. Las estrellas iluminaron mis sueños y el rocío del pasto me hizo sentir frío por momentos.

El amanecer me despertó. Mi respiración tranquila y mis pensamientos calmados hicieron que mi descanso fuera profundo y real. Ese plácido descanso del que jamás me voy a poder olvidar.

A.R.

Sencillez

El viento hacía que los árboles movieran sus hojas frenéticamente. El frío ya se hacía notar en las calles.

Se levantó de la cama y abrió la ventana. La brisa helada le dio los buenos días y los pelos del cuerpo se le erizaron al instante.

Abrazando su cuerpo y con pasos rápidos volvió a la cama. La ventana seguía abierta y las cortinas se movían al compás del aire que entraba en aquella habitación.

Tapó todo su cuerpo, inclusive parte de la cara, con el acolchado y contempló la sensación de bienestar que le producía estar así.

Se desperezó unas  diez veces y al cabo de un rato se volvió a levantar. Se preparó una enorme taza de té con leche. Con la mente en calma volvió a la cama.

Sintió una sensación de placer extrema. Tomó un sorbo de té y pensó. Los grandes placeres se encuentran en una cantidad infinita de momentos sencillos.

A.R.

Plenitud

El corazón golpeaba su pecho. Bombeaba como nunca antes lo había hecho. No bombeaba sangre sino alegría. Una alegría infinita y absoluta recorría su cuerpo.

La sonrisa no se le borraba del rostro y la gente se preguntaba el porqué de su caminar airoso.

Sus mayores aspiraciones estaban apareciendo en la realidad. Los sueños comenzaban a realizarse.

El miedo apareció de repente, vino acompañado de la inseguridad, pero el entusiasmo era demasiado. Él seguiría adelante.

Se acostó en su cama, miró el techo, contempló el momento. Por sus venas continuaba circulando energía pura.

Descubrió que la vida no es como en las películas. Pero entendió que cualquier persona puede hacer que su vida sea una gran historia de película.

 

A.R.

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Otoño.

Otoño.

Apoyaba su frente en la ventana. Los pensamientos viajaban sin un rumbo concreto y su alma estaba vacía.

La necesidad imperiosa de un amor correspondido. La falta de ese tipo de amor. El bienestar diario se tomó vacaciones y la tristeza se hizo más presente que nunca.

El caparazón protector de su estima roto, totalmente destruído.
Un paisaje gris. Una sentida soledad.

Veía a través de la ventana la lluvia salpicar en cada esquina. Las hojas perdían su verde brillante para convertirse en un marrón claro y luego caer al suelo.

Con la taza de café calentando sus manos veía a las personas recluidas bajo sus paraguas, moviéndose de un lado a otro. La gente ya comenzaba a usar ropa más abrigada.

Una hoja por fin cayó al suelo. Fue pisada por un zapato mojado. Toda la vitalidad había desaparecido. Sintió como si el mundo estuviese sin vida.

Y otra hoja cayó.

A.R.

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Armonía

Armonía

Llené de aire mis pulmones. Exhalé. Volví a respirar tan profundamente como pude.

El sol me saludaba con algunos rayos que atravesaban las hojas de una palmera que tocaba el cielo. El paisaje era simplemente bello. El canto de un pájaro se me hizo más presente. Realmente lo estaba escuchando. Un sonido estupendo, lleno de paz.

Volví a respirar y sentí el cuerpo un poco pesado.

Una briza suave le permitía a mi frente estar totalmente despojada, mi pelo ya no la tapaba.Cada órgano de mi cuerpo sonreía. Un equilibrio magnífico ocupó mi mente. Mi sangre era energía. Energía inagotable.

Me sentí bien.Las preocupaciones ya no me correspondían y los acelerados pensamientos se hicieron a un lado. Enmudecieron.

El mundo y yo estábamos en armonía.

A.R.

Confiar

Porque no se trata de vivir siempre en un estado de completa felicidad. Se trata de confiar. Confiar en que todo saldrá bien. Estar predispuesto a que las cosas buenas se den por sí solas. Abrir el alma y permitirle a la vida que nos sorprenda. Saber que la buena energía atrae, inevitablemente, cosas gandiosas.

Verse en el otro, generando una empatía real. Confiar que todo pasa por algo y descubrir el porqué de aquellas situaciones. 

Confiar en que si por dentro se está a gusto, todo lo que nos rodea será positivo. Y así uno se siente pleno, completo, se siente amado, se siente alegre.

Confiar en que a veces no es necesario buscar tanto sino saber que aquello que buscamos está por ser nuestro en cualquier momento y que debemos prepararnos para recibirlo. 

Confiar en que se puede volver a empezar; siempre con una sonrisa en la cara…

A.R.

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Necesidad.

Necesidad.

A veces la cuestión no pasa por querer algo o no quererlo. Llega un momento en que la cuestión pasa por si se necesita o no. Si se necesita despertarse una mañana de invierno y ver que alguien está a tu lado. Necesidad de que alguien te toque con amor y ternura. Necesidad de sentirse pleno, completo, renovado, lleno de paz, feliz. De tener ese brillo en los ojos y saber realmente lo que significa amar, estar enamorado. Necesidad de pelearse con alguien, reconciliarse con alguien, perdonar a alguien, entender y aceptar a alguien….

Necesidad de encontrarse, sentir sus besos, su abrazo protector. Sentirse cuidado.

Necesidad de ser tuyo.

A.R.

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Felicidad

Felicidad

Quizá un día se canse de buscar la felicidad permanente y se dedique a conformarse con todo lo que posee a su alrededor. Quizá un día deje de querer estar feliz todo el tiempo y descubra qué sentimiento le produce cada circunstancia de vida. Quizá un día contemple lo que lo rodea, lo observe y lo valore.

Quizá, con el tiempo, casi sin darse cuenta, la felicidad lo buscará a él en cada momento. Y él, como una gaviota suspendida en el aire, contemplará cada instante y lo disfrutará como si fuese único.

Y quizá algún día él se dará cuenta de que esa era la única fórmula para lograr ser real y completamente FELIZ.

A.R.

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Y por fin, la paz.

Y por fin, la paz.

En su retina reposaba un paisaje incomparable. Su lugar en el mundo, su fuente de equilibrio. Y su mente totalmente callada se dispuso a calmar su permanente acelere.
El pasado y le futuro no existían; el presente estaba en pausa.
Contemplando un mar infinito una lágrima resbaló por su mejilla y aún así sintió una incontrolable y plácida felicidad.
Y la paz fue, por fin, la real protagonista de ese momento que jamás pudo olvidar…

A.R.

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Imaginación

Imaginación

Una suave llovizna típica de primavera hacía que su cuerpo, que posaba al otro lado de la ventana, se alivie. Su mirada perdida prestaba atención a la nada misma. Sintió que no había tiempo que corriese, tampoco algo por hacer, ni algo en que pensar.
Con la taza entre sus manos y una calma abundante, tomaba de vez en cuando sorbos de té negro que le aportaba lo poco que faltaba para que ese momento fuera perfecto.

Sobre el sillón descansaba el libro que estaba leyendo por ese entonces.
Repleto de paz, dejó el tazón sobre una mesa que decoraba el lugar, se acostó sobre el sofá, y agarró el ejemplar. Dejó que su imaginación atravesara realidades extraordinarias, llenas de aventuras y personajes inventados por una mente brillante. Salió de esa realidad que por momentos le resultaba agobiante. Su mente se estaba divirtiendo, su ser estaba totalmente desahogado. No necesitaba más.. y en ese momento supo que era feliz…

A.R.

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Laberinto

Laberinto

Llega un momento en la vida en el que uno no es ni chico ni grande. Las responsabilidades no son extremas ni tan importantes pero aún así nuestros pensamientos forman un laberinto difícil de atravesar, como una ecuación matemática casi imposible de resolver. Y es ahí cuando se nos dificulta tomar decisiones; decidir qué es lo mejor, qué es lo correcto, qué nos hará bien, qué nos hará mal.

Y tal vez, la única manera de resolver la ecuación es probando los distintos caminos posibles que tiene ese laberinto. Ir descubriendo, sobre la marcha, qué era lo mejor para nosotros.
Quizá, dejando de pensar y de una buena vez decidir… o por lo menos intentarlo. Ir viendo qué nos pasa con esa elección. Experimentar. Y si somos afortunados, quizá podamos elegir seguir por ese camino o volver hacia atrás y elegir otro.

Teniendo siempre en cuenta que toda experiencia es aprendizaje y que en la vida, a diferencia de un laberinto, hay varias alternativas para llegar al final, o mejor dicho, a ese nuevo comienzo…

A.R.

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Un final.

Un final.

La satisfacción de una mente en calma. Una vista magnífica. Un bienestar profundo. Una mirada perdida. Un abrazo del océano, una brisa salada.

Los ojos cerrados.

El abrazo del horizonte. Un alivio constante. Una melancolía imprecisa. Una soledad hermosa. Un deseo callado… Una pregunta.
Un alivio sincero. Un profundo silencio. Un deseo incontrolable.

Acercarse a la orilla de la montaña. No pensar en nada. Extender las manos.

Una lágrima en la mejilla.

Dar un último respiro…

Saltar.

A.R.

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Decidirse

Decidirse

Se decidió. Se decidió a dejar de buscar y largarse a conquistar lo que la vida tenía para darle. Y decidió ser feliz. Decidió reirse sin parar varias veces al día. Decidió cerrar las ventanas de su casa y bailar como si no hubiese un mañana. Decidió dejar de preocuparse por estupideces. Decidió ocuparse, en vez de preocuparse. Decidió aceptar que nada es perfecto y que nadie tiene todo resuelto. Y también decidió disfrutar de cada instante, de cada segundo, de cada minuto, de cada hora, de cada día. Decidió darle la importancia justa a cada cosa. Decidió salir a correr cuando tuviera ganas. Decidió apagar el teléfono móvil y verse con una amiga en algún café y charlar por horas.

Decidió ser más espontáneo. Decidió no detenerse ni influenciarse por lo que los demás piensan de él. Decidió ser bueno. Decidió perder el miedo a enamorarse y ver qué pasaba si le daba una oportunidad al corazón. Decidió estar preparado para sufrir, para caerse, para levantarse, para aprender y para enseñar también. Decidió darle prioridad a la familia y a los amigos.

Decidió no dejar de escribir nunca…

A.R.

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Caminó

Caminó

Una gota que provenía del cielo mojó su ventana, el ruido de la lluvia producía una paz inagotable en su interior. Recordó la mirada de aquel amor no correspondido y sin pensarlo demasiado se vistió y salió a caminar.

El agua recorría todo su cuerpo y un aire típico de primavera lo acompañaba en su andar. No sabía a dónde iba pero necesitaba caminar, trasladarse bajo el agua, sentir cada gota en cada parte de su figura.

De pronto, la lluvia comenzó a calmarse y un rayo de sol perforó las nubes. Su cara se iluminó; su mirada resaltaba y el paisaje retomó su color brillante.

Mojado, se sentó en el césped y apoyó la espalda sobre un árbol que se encontraba en el parque donde él estaba. Cerró los ojos, contempló el momento y sintiéndose a gusto, sonrió…

A.R.

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Buscar

Buscar

Estar todo el tiempo pendiente; vivir sometido a una espera interminable. Intentar saber, todo el tiempo, qué es lo que pasará y no dejar que los eventos se den por sí solos.

Desanimarse una y otra vez. Convertir la espera en una ansiedad tortuosa. Llenar la mente de preguntas sin respuestas.

Ocupar el tiempo buscando, pero sin saber bien qué. Y así pasar los días, indagando, explorando aún sin encontrar nada.

Hasta que llega un momento en el que hay que darse cuenta que las cosas deben pasar, simplemente deben fluir. Sabiendo siempre que todo marchará bien, que no hay nada que buscar, sino mucho por descubrir…

A.R.

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Olvidar

Olvidar

El espejo devolvió una imagen desconocida. La sensación de un vacío inmenso ocupó su cuerpo por completo. La desesperación de un alma perdida lo confundió y no supo qué hacer.
Llamar ¿a quién?. Correr ¿a dónde?. Llorar ¿por qué?. ¿Quién era esa persona que aparecía allí?. Recuerdos que no le pertenecían, sueños que no reconocía, respuestas jamás respondidas.

De pronto, un instante perdido en el espacio. Un profundo silencio. Una mirada desierta y el desconsuelo de volver a mirarse en el espejo y nuevamente olvidar quién era el dueño de aquella mirada.

A.R.

Valor

Hay momentos en los que uno no se entiende y debe luchar contra sí mismo. Predisponerse a terminar con sus propios males. A enfrentarse cara a cara con sus miedos, con sus defectos, con sus debilidades.

Hay momentos en los que uno decide terminar con aquel tortuoso recuerdo del pasado y tomarlo como una simple alusión de la que se aprende pero no limita. Y es ahí cuando el presente puede seguir su rumbo, aún con los errores cometidos.

Y es ahí cuando la plena libertad se hace presente; la tranquilidad se vuelve cotidiana; la felicidad se encuentra en lo más mínimo; y nos damos cuenta de que no todo depende de nosotros, que es imposible controlarlo todo.

Hay momentos en los que uno decide tirarse al vacío y explorar lo nuevo, sabiendo que lo que nos espera siempre será positivo.

Hay momentos en los que el valor es la única herramienta para lograr el eterno bienestar…

A.R.

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Florecer

Florecer

A veces no se trata de saber qué queremos. A veces alcanza con saber que No queremos, y eso nos llevará, sin darnos cuenta, a lo que sí queremos.
A veces, se trata de hacer las cosas lo mejor que podamos, de crear vínculos positivos, de confianza; de ser nosotros ante todo, con nuestros errores y tropiezos, con nuestros aciertos y virtudes; de ser alegres, de nunca perder la esperanza y estar tranquilos… total, pase lo que pase, siempre se puede volver a florecer…

A.R

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El cambio.

El cambio.

Y llegó un momento en el que se dio cuenta que el cambio estaba en él, en sus pensamientos y actitudes, en sus palabras, en sus emociones y reacciones. Ya no importaba cuán fuerte era la energía externa, él se concentraba en su felicidad interior. Era ver todo el tiempo el lado bueno de las cosas que se le presentaban día a día, de las diferentes veces que tropezaba con la misma piedra, de las oportunidades perdidas y las decepciones encontradas.

Era ser el sol, la fuente de energía más enorme del universo, el elemento indispensable para que su sonrisa brille en el apogeo de su bienestar. Era ser esa enorme estrella que, pese a las tormentas, lluvias, nubes y vientos, siempre está, siempre vuelve a salir, que permanece impoluto, maravilloso e impecable.

Era ser él mismo, perdonándose, queriéndose, desafiándose….Era ser FELIZ.

A.R.