Meditar

La respiración, pausada y profunda, guía a la mente que va y viene sin descanso. No sabe estar en calma.

Una energía descontrolada y vital recorre cada órgano de nuestro cuerpo. Los músculos, por su parte, pierden cada vez más tensión y se sumergen en el suelo.

Poco a poco los pensamientos comienzan a fluir sin detenerse. La mente, por fin callada, comienza a estar en reposo.

El aire purifica el alma. La limpia.

El cuerpo pesado flota por un universo inmenso, infinito.

La atención contempla los sonidos del silencio. La quietud se vuelve un estado.

La sensación de bienestar inunda los sentidos.

Los ojos cerrados sienten, contemplan lo que pasa.

Y por un instante se está. Simplemente se está.

A.R.

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Volver

Meses, días, minutos y demasiados segundos. Un tiempo bastante corto en comparación a la cantidad de cambios que hubo.

Cambios que marcaron un verdadero “antes y después”. Cambios repletos de aprendizaje, repletos de sabiduría y amor.

Volver es inevitable, sobre todo cuando la mente y el alma se ponen (por fin) de acuerdo y lo piden.

Pero es volver habiendo cambiado por completo. Es volver siendo otra persona… en realidad es volver siendo la misma persona pero con otro Ser.

Es volver con un amor no solo más firme sino también verdadero y mucho más completo. Mucho más amigable, más sano.

Es volver a sentirse bien, completamente. Volver a escribir.

Volver a vivir.

A.R.

Tiempo

Sentirse así. Perdido por momentos. Repleto de dudas con respuestas simples. Sí. No. ¿Es esto lo que quiero? Sí. No.

Querer estar ausente. Tener que estar presente.

Los miedos consiguen ganar y los pensamientos se desorbitan. Se confunden. Se pierden y no se encuentran.

Aparece la única solución posible, tan posible como insoportable: tiempo. La cura de todos los males. La solución a todos los problemas. El tiempo.

El cuerpo sometido. La mente, frágil, no se calla, no descansa y se altera.

Esperar. Tiempo. Y ver como todo se acomoda. Como todo se armoniza.

Tiempo. Mientras llega: un papel y un lápiz. Una hoja en blanco. Una hermosa idea. La mente se distiende, se aquieta por un rato, se tranquiliza.

Tiempo. Sólo queda tiempo.

A.R.

Corazón

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Y ahí es cuando te das cuenta de que todo marcha bien, cuando el corazón respira. Te das cuenta de que todo lo que te rodea es magnífico y de que todo lo que está por venir será grandioso.

Crecés. Permutas sin cambiar tu esencia pero sí mejorando tus pensamientos; tu actitud frente a la vida.

Te das cuenta que haber pensado, pese a todo, en positivo valió la pena. El momento presente te acaricia y el futuro te aguarda con los brazos abiertos.

Y es eso lo que hay que hacer. Cuando el corazón respira hay que prepararse. Prepararse para disfrutar y cosechar los frutos que hace tiempo venías sembrando, siempre con el espíritu optimista.

Porque cuando el corazón respira por fin estás en paz.

A.R.

Vivir

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Ese momento en el que no sabés si todo está como te gustaría que esté pero sí que todo está en orden. Te sentís en paz, aliviado, tranquilo… Te sorprende la excelente calidad de amigos que te rodean, lo bien que te hacen sentir y la felicidad que te transmiten día a día.

No importa el futuro, sólo importa el ahora. Vivir y ya. Haciendo las cosas bien, luchando por lo que deseamos y lo que creemos. Despertarse con una sonrisa, acostarse con dolor de panza por haber reído tanto durante toda la jornada.

La lluvia purifica el alma y el sol hace que una estupenda energía recorra cada órgano del cuerpo. La atención se focaliza en lo positivo, los pensamientos se ocupan del momento presente, ya no se preocupan por el mañana.

Y te das cuenta que la vida va más allá. Que es espléndida y que no se piensa, se vive. Te das cuenta que la felicidad depende de vos, de cómo percibís lo que nos pasa, lo que nos rodea. Comenzás a respirar de una manera distinta y los pulmones se llenan de vitalidad. Y sos feliz, punto.

A.R.

Dejarse llevar

Los lamentos ya no molestaban a los pensamientos. Tampoco al alma. Las malas experiencias comenzaron a fugarse de la mente y poco a poco (por fin) fueron desapareciendo. La plena libertad se hacía presente y el pasado no estorbaba.

Una lluvia suave había limpiado sus angustias y el sol brillaba como nunca antes. Tal vez las nubes volverían algún día pero eso no le importaba. Ahora estaba en paz y sonreía de verdad.

Una mano tocó su espalda. Sintió una caricia que le llegó hasta lo más profundo de su Ser. Se sintió a salvo. Protegido del mundo.  Se dejó llevar y fue feliz.

A.R.

Cansancio.

Se cansa,

El corazón se cansa.

Se cansa y se agota.

Se agota y se cansa

De dar oportunidades sin sentido.

 

Se agobia.

Se agobia y se desorienta,

Se desorienta y se agobia

De creer en fantasías utópicas.

 

Se harta.

Se harta y se enoja,

Se enoja y se harta

De caer una y mil veces con la misma piedra,

De seguir creyendo,

De permitir que lo lastimen,

De latir en vano.

 

Se cansa.

El corazón se cansa.

Se cansa y aún así sigue.

 

A.R.

Satisfacción plena.

Son esos momentos en los que sentís que por fin hiciste algo bien.

Ves a tú alrededor y ves personas extraordinarias que te valoran y acompañan siempre.

Sentís que de verdad sos feliz y el alma se regocija en un placer puro e infinito.

Y te sentís bien. En calma y tranquilo. Satisfecho.

Son esos momentos en lo que de verdad te sentís en paz y sólo te preocupa el presente, lo que estás viviendo ahora, justo en ese instante.

A.R.

Ese alguien.

Esa persona que te haga tener sueños maravillosos y te haga sentir que tocas el cielo con las manos.

Esa persona que te hace sentir lleno y completamente feliz.

Esa persona que te mire y te haga poner colorado con una simple mirada sostenida en el aire.

Esa persona que te haga sentir protegido, cuidado. Te haga sentir valioso y eterno.

Esa persona que te haga ver la vida color de rosa.

Esa persona que te haga sonreír con apenas un respiro. Que te haga conocer tu carcajada más sincera y espontánea.

Ese alguien perfecto que, por más que a veces pienso que no existe, voy  a encontrar.

A.R.

Emociones

De pronto comenzó a sentir una mezcla de emociones agobiantes.

Sintió miedo,

Incertidumbre y

Nostalgia.

Sintió alegría,

Alivio y

Orgullo.

No dejó de sentir en ningún momento. Todas las emociones a flor de piel. Todas presentes en el mismo momento.

La inseguridad era la real protagonista y la vergüenza naif la acompañaba muy bien.

Nuevamente las dudas y la ansiedad incontrolable.

Decisiones pasadas en duda, un presente tembloroso a su parecer.

Ordenó sus pensamientos. Descansó un instante. Reflexionó sobre el maravilloso momento en el que estaba sumergido por ese entonces y sonrió. Debía disfrutar y no pensar.

Debía vivir.

 

A.R.

Uno mismo.

Fue él. Siempre él . Ante los nuevos amores fue él. Ante los proyectos presentes y futuros fue él.

Se juzgó en reiteradas ocasiones, se hartó y protestó, pero siguió siendo él. Él mismo.

Y sin notarlo demasiado obtuvo la confianza que necesitaba para afrontar los temores diarios e insoportables. Los venció, siendo él.

Y descubrió que ésa era la fórmula. La verdadera respuesta a la tremenda ecuación. Eso y nada más. Aceptarse y ser él.

A.R.

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Vivir.

Vivir.

Puede pasar que la vida nos de algunas pálidas cada tanto. Puede que algunas decisiones nos hagan desperdiciar oportunidades excelentes. Puede que a veces no seamos entendidos por nuestros familiares, nuestros amigos, el común de la gente e inclusive, a veces, no nos entendamos ni nosotros mismos.

Puede pasar que las responsabilidades nos agobien y los miedos recorran todo nuestro cuerpo con total libertad. Y puede que en ocasiones la tristeza envuelva nuestras almas y dudemos de un posible buen futuro.

Pero la mayor flaqueza está en rodearnos de personas a quienes no valoramos. En no confiar en lo que creemos, pensamos y soñamos. En dejar pasar los días y no hacer nada para cambiar la situación que nos disgusta.

En encerrarse y no vivir.

A.R.

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Felicidad

Felicidad

Quizá un día se canse de buscar la felicidad permanente y se dedique a conformarse con todo lo que posee a su alrededor. Quizá un día deje de querer estar feliz todo el tiempo y descubra qué sentimiento le produce cada circunstancia de vida. Quizá un día contemple lo que lo rodea, lo observe y lo valore.

Quizá, con el tiempo, casi sin darse cuenta, la felicidad lo buscará a él en cada momento. Y él, como una gaviota suspendida en el aire, contemplará cada instante y lo disfrutará como si fuese único.

Y quizá algún día él se dará cuenta de que esa era la única fórmula para lograr ser real y completamente FELIZ.

A.R.