Meditar

La respiración, pausada y profunda, guía a la mente que va y viene sin descanso. No sabe estar en calma.

Una energía descontrolada y vital recorre cada órgano de nuestro cuerpo. Los músculos, por su parte, pierden cada vez más tensión y se sumergen en el suelo.

Poco a poco los pensamientos comienzan a fluir sin detenerse. La mente, por fin callada, comienza a estar en reposo.

El aire purifica el alma. La limpia.

El cuerpo pesado flota por un universo inmenso, infinito.

La atención contempla los sonidos del silencio. La quietud se vuelve un estado.

La sensación de bienestar inunda los sentidos.

Los ojos cerrados sienten, contemplan lo que pasa.

Y por un instante se está. Simplemente se está.

A.R.

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Dejarse llevar

Los lamentos ya no molestaban a los pensamientos. Tampoco al alma. Las malas experiencias comenzaron a fugarse de la mente y poco a poco (por fin) fueron desapareciendo. La plena libertad se hacía presente y el pasado no estorbaba.

Una lluvia suave había limpiado sus angustias y el sol brillaba como nunca antes. Tal vez las nubes volverían algún día pero eso no le importaba. Ahora estaba en paz y sonreía de verdad.

Una mano tocó su espalda. Sintió una caricia que le llegó hasta lo más profundo de su Ser. Se sintió a salvo. Protegido del mundo.  Se dejó llevar y fue feliz.

A.R.