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Y por fin, la paz.

Y por fin, la paz.

En su retina reposaba un paisaje incomparable. Su lugar en el mundo, su fuente de equilibrio. Y su mente totalmente callada se dispuso a calmar su permanente acelere.
El pasado y le futuro no existían; el presente estaba en pausa.
Contemplando un mar infinito una lágrima resbaló por su mejilla y aún así sintió una incontrolable y plácida felicidad.
Y la paz fue, por fin, la real protagonista de ese momento que jamás pudo olvidar…

A.R.

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