Saltar

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Sentir el cuerpo. Tomar impulso. Suspenderse en el aire y perder el control. Dejar que las cosas pasen. Congelar el tiempo en eternos segundos. Sentir la libertad total. Sumergirse en lo desconocido y permitirle al amor entrar en acción, enamorándose; permitirle al presente ocupar los pensamientos, disfrutando el momento; desafiar la gravedad, volando por unos instantes; perder la dirección, encontrando nuevos rumbos. Darle lugar a otra mirada, sabiendo que tarde o temprano saltar implica caer. Y caer implica aprender. Y aprender implica superarse. Y superarse es vivir.

A.R.

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Laberinto

Laberinto

Llega un momento en la vida en el que uno no es ni chico ni grande. Las responsabilidades no son extremas ni tan importantes pero aún así nuestros pensamientos forman un laberinto difícil de atravesar, como una ecuación matemática casi imposible de resolver. Y es ahí cuando se nos dificulta tomar decisiones; decidir qué es lo mejor, qué es lo correcto, qué nos hará bien, qué nos hará mal.

Y tal vez, la única manera de resolver la ecuación es probando los distintos caminos posibles que tiene ese laberinto. Ir descubriendo, sobre la marcha, qué era lo mejor para nosotros.
Quizá, dejando de pensar y de una buena vez decidir… o por lo menos intentarlo. Ir viendo qué nos pasa con esa elección. Experimentar. Y si somos afortunados, quizá podamos elegir seguir por ese camino o volver hacia atrás y elegir otro.

Teniendo siempre en cuenta que toda experiencia es aprendizaje y que en la vida, a diferencia de un laberinto, hay varias alternativas para llegar al final, o mejor dicho, a ese nuevo comienzo…

A.R.