Ese momento

Eran, más o menos, las tres de la mañana cuando abrí mis ojos y vi su rostro. Dormía de una manera tan angelical que jamás hubiese imaginado posible. Recuerdo que lo observé por unos minutos. Minutos que fueron eternos.

Aquel ser que con ojos cerrados (y algún que otro ronquido cada tanto) era observado por mí, me estaba dando lo que yo tanto necesitaba.

Y seguramente la incertidumbre, los miedos y temores volverán a molestarme algún día. Posiblemente de vez en cuando mis mejillas recuerden el sabor dulzón de las lágrimas que en algún tiempo derramé sin consuelo.

Pero ahí acostado, frente a semejante ser humano, nada me preocupaba; éramos nosotros y el sonido de la noche que se mezclaba con nuestras respiraciones. Nada más.

Me di media vuelta y boca arriba, con los ojos abiertos en medio de la oscuridad, las sábanas enredadas a mis pies y unas enormes ganas de tomar té, cerré los ojos y respiré tan profundo como pude.

Fue ahí cuando me di cuenta de que había logrado llegar a ese momento… Ese sutil momento en el que te das cuenta de que estás enamorado. Y esta vez, por fin, de verdad.

A.R

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Priorizar

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Con el tiempo uno empieza a entender el verdadero significado de las palabras. Empieza a darse cuenta que lo que realmente importa en esta vida no es una única cosa sino varias, que dependen del momento por el que estemos atravesando cada uno de nosotros.

Estamos en constante transformación y el orden de prioridades va, naturalmente, cambiando con el tiempo. Tomamos decisiones, elegimos y muchas veces no nos detenemos a pensar si eso que se está por elegir es lo que verdaderamente queremos o necesitamos.

A veces con una simple respuesta a una simple pregunta encontramos la verdad. Aquello que precisamos para ser felices, para estar en paz y para crecer.  Y es ahí cuando priorizar se vuelve fundamental.

Porque entendí, después de mucho tiempo, que priorizar es la clave para mantener el mayor equilibrio posible en cada etapa de nuestras vidas.

A.R.

Vos

A vos que ni te esperaba y apareciste y sin dudarlo me atrapaste.

A vos que me cuidas con un abrazo y proteges mi alma.

A vos que con un beso borras angustias que pensé que eran eternas.

A vos que simplificas mi vida y me haces dar cuenta de lo que realmente importa.

A vos que, sin querer, me haces sentir único.

A vos que te veo en cada persona; te huelo en cada aroma; te escucho en cada sonido.

A vos que nunca me aburrís.

A vos que siempre estás.

A vos que, sin imaginar que podía pasar, te estoy empezando a amar.

A.R.

Algo real

El corazón dejó de latir. Ya no se molesta. No quiere ilusionarse sin sentido. Se resignó a seguir buscando aquello real que anhela desde hace mucho tiempo.

La intimidad también se cansó de que jueguen con ella. Ya no arriesga más.

El dulce sonido de una nueva posibilidad terminó siendo un sabor amargo. Y quizás sirva desnudarse a través de las palabras. Abrir el alma y que nada importe. Expresarse… Así la esperanza se somete a pensar que algún día llegará la oportunidad esperada. La plenitud será la protagonista y el vacío no molestará más a los sentimientos.

Algún día el conocimiento sabrá lo que es el amor y estos días eternos, llenos de soledad, serán una simple anécdota. Un camino que hubo que atravesar para poder realmente amar.

A.R.

Paisaje

Desde el suelo observaba el reflejo del sol que reposaba sobre el agua. La laguna se veía estupenda.

Sentía el peso de su cuerpo sobre la tierra. No le importaba ensuciarse. El aroma a pasto llenaba sus pulmones de placer. Su mente estaba en paz. La respiración cada vez era más suave.

La herida ya no le ardía y su ritmo cardíaco comenzaba a disminuir notablemente.

A penas podía moverse y sintió un frío atípico.

La visión comenzó a ser borrosa.

Sabía que estaba muriendo y se preguntó si ese paisaje maravilloso era una simple alucinación. ¿Dónde estaría realmente?

El calmo sonido del agua cada vez se alejaba más. Y más. Y más.

Y ya no pudo ver la luz del sol. Ya no pudo oír el cantar de los pájaros. No pudo sentir su corazón latir. Ya no pudo sentir.

A.R.

Cansancio.

Se cansa,

El corazón se cansa.

Se cansa y se agota.

Se agota y se cansa

De dar oportunidades sin sentido.

 

Se agobia.

Se agobia y se desorienta,

Se desorienta y se agobia

De creer en fantasías utópicas.

 

Se harta.

Se harta y se enoja,

Se enoja y se harta

De caer una y mil veces con la misma piedra,

De seguir creyendo,

De permitir que lo lastimen,

De latir en vano.

 

Se cansa.

El corazón se cansa.

Se cansa y aún así sigue.

 

A.R.