Descansar

Las gotas que caen desde el cielo salpican mi cara al golpear contra el suelo. Mi cuerpo en el piso, boca abajo. Mi ropa empapada hasta la última costura y a mi no me importa. No me importa si siento frío, si todas las partes de mi cuerpo están húmedas, si me voy a resfriar después, si me siento mal o si se moja el celular… Ya nada me importa.

Yo estoy acá, viviendo el momento, mojándome tanto como pueda. Nuevas gotas comienzan a resbalar por mi mejilla pero esta vez no vienen del cielo. Esta vez son mis ojos los que producen esas gotas, que en realidad provienen desde mi alma. No es tristeza. Es simplemente un momento de mucha calma y mi cuerpo necesita descargarse. Lo necesita para seguir viviendo.

El agua del cielo dejó de caer y los rayos del sol están atravesando las nubes. Yo sigo tirado en el piso de ladrillos y la humedad comienza a agobiarme; pero decido seguir acá, pensando. Meditando por unos momentos más para luego cerrar los ojos y descansar. Descansar como nunca antes. Descansar con la esperanza de estar mejor. Descansar con la idea de dormir, para siempre…

A.R.

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Ese momento

Eran, más o menos, las tres de la mañana cuando abrí mis ojos y vi su rostro. Dormía de una manera tan angelical que jamás hubiese imaginado posible. Recuerdo que lo observé por unos minutos. Minutos que fueron eternos.

Aquel ser que con ojos cerrados (y algún que otro ronquido cada tanto) era observado por mí, me estaba dando lo que yo tanto necesitaba.

Y seguramente la incertidumbre, los miedos y temores volverán a molestarme algún día. Posiblemente de vez en cuando mis mejillas recuerden el sabor dulzón de las lágrimas que en algún tiempo derramé sin consuelo.

Pero ahí acostado, frente a semejante ser humano, nada me preocupaba; éramos nosotros y el sonido de la noche que se mezclaba con nuestras respiraciones. Nada más.

Me di media vuelta y boca arriba, con los ojos abiertos en medio de la oscuridad, las sábanas enredadas a mis pies y unas enormes ganas de tomar té, cerré los ojos y respiré tan profundo como pude.

Fue ahí cuando me di cuenta de que había logrado llegar a ese momento… Ese sutil momento en el que te das cuenta de que estás enamorado. Y esta vez, por fin, de verdad.

A.R

Priorizar

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Con el tiempo uno empieza a entender el verdadero significado de las palabras. Empieza a darse cuenta que lo que realmente importa en esta vida no es una única cosa sino varias, que dependen del momento por el que estemos atravesando cada uno de nosotros.

Estamos en constante transformación y el orden de prioridades va, naturalmente, cambiando con el tiempo. Tomamos decisiones, elegimos y muchas veces no nos detenemos a pensar si eso que se está por elegir es lo que verdaderamente queremos o necesitamos.

A veces con una simple respuesta a una simple pregunta encontramos la verdad. Aquello que precisamos para ser felices, para estar en paz y para crecer.  Y es ahí cuando priorizar se vuelve fundamental.

Porque entendí, después de mucho tiempo, que priorizar es la clave para mantener el mayor equilibrio posible en cada etapa de nuestras vidas.

A.R.