Volver

Meses, días, minutos y demasiados segundos. Un tiempo bastante corto en comparación a la cantidad de cambios que hubo.

Cambios que marcaron un verdadero “antes y después”. Cambios repletos de aprendizaje, repletos de sabiduría y amor.

Volver es inevitable, sobre todo cuando la mente y el alma se ponen (por fin) de acuerdo y lo piden.

Pero es volver habiendo cambiado por completo. Es volver siendo otra persona… en realidad es volver siendo la misma persona pero con otro Ser.

Es volver con un amor no solo más firme sino también verdadero y mucho más completo. Mucho más amigable, más sano.

Es volver a sentirse bien, completamente. Volver a escribir.

Volver a vivir.

A.R.

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Ese momento

Eran, más o menos, las tres de la mañana cuando abrí mis ojos y vi su rostro. Dormía de una manera tan angelical que jamás hubiese imaginado posible. Recuerdo que lo observé por unos minutos. Minutos que fueron eternos.

Aquel ser que con ojos cerrados (y algún que otro ronquido cada tanto) era observado por mí, me estaba dando lo que yo tanto necesitaba.

Y seguramente la incertidumbre, los miedos y temores volverán a molestarme algún día. Posiblemente de vez en cuando mis mejillas recuerden el sabor dulzón de las lágrimas que en algún tiempo derramé sin consuelo.

Pero ahí acostado, frente a semejante ser humano, nada me preocupaba; éramos nosotros y el sonido de la noche que se mezclaba con nuestras respiraciones. Nada más.

Me di media vuelta y boca arriba, con los ojos abiertos en medio de la oscuridad, las sábanas enredadas a mis pies y unas enormes ganas de tomar té, cerré los ojos y respiré tan profundo como pude.

Fue ahí cuando me di cuenta de que había logrado llegar a ese momento… Ese sutil momento en el que te das cuenta de que estás enamorado. Y esta vez, por fin, de verdad.

A.R

Priorizar

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Con el tiempo uno empieza a entender el verdadero significado de las palabras. Empieza a darse cuenta que lo que realmente importa en esta vida no es una única cosa sino varias, que dependen del momento por el que estemos atravesando cada uno de nosotros.

Estamos en constante transformación y el orden de prioridades va, naturalmente, cambiando con el tiempo. Tomamos decisiones, elegimos y muchas veces no nos detenemos a pensar si eso que se está por elegir es lo que verdaderamente queremos o necesitamos.

A veces con una simple respuesta a una simple pregunta encontramos la verdad. Aquello que precisamos para ser felices, para estar en paz y para crecer.  Y es ahí cuando priorizar se vuelve fundamental.

Porque entendí, después de mucho tiempo, que priorizar es la clave para mantener el mayor equilibrio posible en cada etapa de nuestras vidas.

A.R.

Vos

A vos que ni te esperaba y apareciste y sin dudarlo me atrapaste.

A vos que me cuidas con un abrazo y proteges mi alma.

A vos que con un beso borras angustias que pensé que eran eternas.

A vos que simplificas mi vida y me haces dar cuenta de lo que realmente importa.

A vos que, sin querer, me haces sentir único.

A vos que te veo en cada persona; te huelo en cada aroma; te escucho en cada sonido.

A vos que nunca me aburrís.

A vos que siempre estás.

A vos que, sin imaginar que podía pasar, te estoy empezando a amar.

A.R.

Saltar

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Sentir el cuerpo. Tomar impulso. Suspenderse en el aire y perder el control. Dejar que las cosas pasen. Congelar el tiempo en eternos segundos. Sentir la libertad total. Sumergirse en lo desconocido y permitirle al amor entrar en acción, enamorándose; permitirle al presente ocupar los pensamientos, disfrutando el momento; desafiar la gravedad, volando por unos instantes; perder la dirección, encontrando nuevos rumbos. Darle lugar a otra mirada, sabiendo que tarde o temprano saltar implica caer. Y caer implica aprender. Y aprender implica superarse. Y superarse es vivir.

A.R.

Corazón

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Y ahí es cuando te das cuenta de que todo marcha bien, cuando el corazón respira. Te das cuenta de que todo lo que te rodea es magnífico y de que todo lo que está por venir será grandioso.

Crecés. Permutas sin cambiar tu esencia pero sí mejorando tus pensamientos; tu actitud frente a la vida.

Te das cuenta que haber pensado, pese a todo, en positivo valió la pena. El momento presente te acaricia y el futuro te aguarda con los brazos abiertos.

Y es eso lo que hay que hacer. Cuando el corazón respira hay que prepararse. Prepararse para disfrutar y cosechar los frutos que hace tiempo venías sembrando, siempre con el espíritu optimista.

Porque cuando el corazón respira por fin estás en paz.

A.R.

Algo real

El corazón dejó de latir. Ya no se molesta. No quiere ilusionarse sin sentido. Se resignó a seguir buscando aquello real que anhela desde hace mucho tiempo.

La intimidad también se cansó de que jueguen con ella. Ya no arriesga más.

El dulce sonido de una nueva posibilidad terminó siendo un sabor amargo. Y quizás sirva desnudarse a través de las palabras. Abrir el alma y que nada importe. Expresarse… Así la esperanza se somete a pensar que algún día llegará la oportunidad esperada. La plenitud será la protagonista y el vacío no molestará más a los sentimientos.

Algún día el conocimiento sabrá lo que es el amor y estos días eternos, llenos de soledad, serán una simple anécdota. Un camino que hubo que atravesar para poder realmente amar.

A.R.

Cambiar

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Recuerdo que bajé descalzo la escalera. Me senté y el agua cubrió mis pies hasta el inicio de las rodillas. No sentí frío en ningún momento. El sol estaba radiante y hacía que mi cuerpo estuviese cálido.

Escuché una lancha pasar, fue sólo una. Después de esa lancha (antes también) entregué mis oídos a los pájaros. El viento movía a penas la copa de los árboles y el río se hacía notar con olas pequeñas.

Cerré los ojos y las lágrimas comenzaron a acariciar mis mejillas. No me las sequé, permití que mojasen mi pera y cayeran al agua.  Y fue ahí cuando decidí cambiar.

Y cambié. El pasado me dejó de estorbar y el futuro me aseguró que será genial. Comencé a focalizar la atención en todo lo bueno que la vida me daba. Empecé a agradecer y perdonar sin cansancio. Dejé de pensar en todo.

Y no busqué la felicidad, simplemente fui feliz.

A.R.

Cansancio.

Se cansa,

El corazón se cansa.

Se cansa y se agota.

Se agota y se cansa

De dar oportunidades sin sentido.

 

Se agobia.

Se agobia y se desorienta,

Se desorienta y se agobia

De creer en fantasías utópicas.

 

Se harta.

Se harta y se enoja,

Se enoja y se harta

De caer una y mil veces con la misma piedra,

De seguir creyendo,

De permitir que lo lastimen,

De latir en vano.

 

Se cansa.

El corazón se cansa.

Se cansa y aún así sigue.

 

A.R.

Satisfacción plena.

Son esos momentos en los que sentís que por fin hiciste algo bien.

Ves a tú alrededor y ves personas extraordinarias que te valoran y acompañan siempre.

Sentís que de verdad sos feliz y el alma se regocija en un placer puro e infinito.

Y te sentís bien. En calma y tranquilo. Satisfecho.

Son esos momentos en lo que de verdad te sentís en paz y sólo te preocupa el presente, lo que estás viviendo ahora, justo en ese instante.

A.R.

Ese alguien.

Esa persona que te haga tener sueños maravillosos y te haga sentir que tocas el cielo con las manos.

Esa persona que te hace sentir lleno y completamente feliz.

Esa persona que te mire y te haga poner colorado con una simple mirada sostenida en el aire.

Esa persona que te haga sentir protegido, cuidado. Te haga sentir valioso y eterno.

Esa persona que te haga ver la vida color de rosa.

Esa persona que te haga sonreír con apenas un respiro. Que te haga conocer tu carcajada más sincera y espontánea.

Ese alguien perfecto que, por más que a veces pienso que no existe, voy  a encontrar.

A.R.

Emociones

De pronto comenzó a sentir una mezcla de emociones agobiantes.

Sintió miedo,

Incertidumbre y

Nostalgia.

Sintió alegría,

Alivio y

Orgullo.

No dejó de sentir en ningún momento. Todas las emociones a flor de piel. Todas presentes en el mismo momento.

La inseguridad era la real protagonista y la vergüenza naif la acompañaba muy bien.

Nuevamente las dudas y la ansiedad incontrolable.

Decisiones pasadas en duda, un presente tembloroso a su parecer.

Ordenó sus pensamientos. Descansó un instante. Reflexionó sobre el maravilloso momento en el que estaba sumergido por ese entonces y sonrió. Debía disfrutar y no pensar.

Debía vivir.

 

A.R.

Uno mismo.

Fue él. Siempre él . Ante los nuevos amores fue él. Ante los proyectos presentes y futuros fue él.

Se juzgó en reiteradas ocasiones, se hartó y protestó, pero siguió siendo él. Él mismo.

Y sin notarlo demasiado obtuvo la confianza que necesitaba para afrontar los temores diarios e insoportables. Los venció, siendo él.

Y descubrió que ésa era la fórmula. La verdadera respuesta a la tremenda ecuación. Eso y nada más. Aceptarse y ser él.

A.R.