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Estar todo el tiempo pendiente; vivir sometido a una espera interminable. Intentar saber, todo el tiempo, qué es lo que pasará y no dejar que los eventos se den por sí solos.

Desanimarse una y otra vez. Convertir la espera en una ansiedad tortuosa. Llenar la mente de preguntas sin respuestas.

Ocupar el tiempo buscando, pero sin saber bien qué. Y así pasar los días, indagando, explorando aún sin encontrar nada.

Hasta que llega un momento en el que hay que darse cuenta que las cosas deben pasar, simplemente deben fluir. Sabiendo siempre que todo marchará bien, que no hay nada que buscar, sino mucho por descubrir…

A.R.

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Olvidar

Olvidar

El espejo devolvió una imagen desconocida. La sensación de un vacío inmenso ocupó su cuerpo por completo. La desesperación de un alma perdida lo confundió y no supo qué hacer.
Llamar ¿a quién?. Correr ¿a dónde?. Llorar ¿por qué?. ¿Quién era esa persona que aparecía allí?. Recuerdos que no le pertenecían, sueños que no reconocía, respuestas jamás respondidas.

De pronto, un instante perdido en el espacio. Un profundo silencio. Una mirada desierta y el desconsuelo de volver a mirarse en el espejo y nuevamente olvidar quién era el dueño de aquella mirada.

A.R.

Valor

Hay momentos en los que uno no se entiende y debe luchar contra sí mismo. Predisponerse a terminar con sus propios males. A enfrentarse cara a cara con sus miedos, con sus defectos, con sus debilidades.

Hay momentos en los que uno decide terminar con aquel tortuoso recuerdo del pasado y tomarlo como una simple alusión de la que se aprende pero no limita. Y es ahí cuando el presente puede seguir su rumbo, aún con los errores cometidos.

Y es ahí cuando la plena libertad se hace presente; la tranquilidad se vuelve cotidiana; la felicidad se encuentra en lo más mínimo; y nos damos cuenta de que no todo depende de nosotros, que es imposible controlarlo todo.

Hay momentos en los que uno decide tirarse al vacío y explorar lo nuevo, sabiendo que lo que nos espera siempre será positivo.

Hay momentos en los que el valor es la única herramienta para lograr el eterno bienestar…

A.R.

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Florecer

Florecer

A veces no se trata de saber qué queremos. A veces alcanza con saber que No queremos, y eso nos llevará, sin darnos cuenta, a lo que sí queremos.
A veces, se trata de hacer las cosas lo mejor que podamos, de crear vínculos positivos, de confianza; de ser nosotros ante todo, con nuestros errores y tropiezos, con nuestros aciertos y virtudes; de ser alegres, de nunca perder la esperanza y estar tranquilos… total, pase lo que pase, siempre se puede volver a florecer…

A.R

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El cambio.

El cambio.

Y llegó un momento en el que se dio cuenta que el cambio estaba en él, en sus pensamientos y actitudes, en sus palabras, en sus emociones y reacciones. Ya no importaba cuán fuerte era la energía externa, él se concentraba en su felicidad interior. Era ver todo el tiempo el lado bueno de las cosas que se le presentaban día a día, de las diferentes veces que tropezaba con la misma piedra, de las oportunidades perdidas y las decepciones encontradas.

Era ser el sol, la fuente de energía más enorme del universo, el elemento indispensable para que su sonrisa brille en el apogeo de su bienestar. Era ser esa enorme estrella que, pese a las tormentas, lluvias, nubes y vientos, siempre está, siempre vuelve a salir, que permanece impoluto, maravilloso e impecable.

Era ser él mismo, perdonándose, queriéndose, desafiándose….Era ser FELIZ.

A.R.

Fotografía

El instante eterno. El momento exacto. La sombra mostrada, la mirada observada. El secreto mejor guardado. El contexto mejor mostrado. El paisaje iluminado.

La línea fina, invisible e imprevisible existente entre la realidad y la imaginación infinita.

El dibujo mejor armado. El exacto sentimiento. El mejor movimiento.

La belleza tangible; la luz de la oscuridad.

La caricia al alma. El instante tranquilo. El pasado, el presente, el futuro y todo junto. El silencio, el ruido y el vacío.

Todo se muestra, se analiza, se contempla y se disfruta… Todo es fotografía.

A.R.

Seguir

Los ruidos del silencio interrumpieron al propio sonido del silencio. Intentaba encontrar paz en esos días en los que las dudas se convertían en peligrosas tormentas. La constante paradoja sobre la preocupación por la satisfacción ajena. El eterno intento de, pese a todo, seguir siendo fiel a sí mismo. El revoltoso mar colapsado por las inundaciones de su mente. El desequilibrio permanente en su seguridad…

Un instante en el que con el silencio, venga la paz y seguir…no dejar de aventurarse y continuar explorando; seguir manteniendo la fe en que ya llegará ese día en el que cerraremos los ojos y nos sentiremos realizados por completo, y sin darnos cuenta, las dudas se habrán respondido durante ese recorrido hacia la felicidad…ese viaje por momentos luminoso, por momentos oscuro al que llamamos VIDA.

Agustín Roselli.

Lluvia

Un lápiz y una hoja en blanco que le desesperaba. Una espera carcomía su mente de forma constante. Su instinto no le permitía relajarse y debía hacerlo, lo necesitaba;  tenía que sentir, éso, sentir en vez de pensar. Dejarse llevar en vez de razonar. Renovarse, evolucionar, seguir…

A lo lejos, un jazz que se mezclaba con el sonido suave pero presente de las gotas que caían desde el cielo.  Una lluvia calma y persistente denotaba su estado de ánimo de aquel pasado,  y sus miedos aparecieron fácilmente en aquel espacio templado aunque vacío.

Cerró los ojos e imaginó una pizca de agua que caía sobre una hoja de una pequeña planta que se encontraba allí, convirtiéndola en un sol radiante, en una claridad que se encontraba dentro de sí y que proyectaba un gran futuro y le hacía disfrutar el presente, ese tiempo incierto, intrigante y divertido que nos propone simplemente atravesarlo y vivirlo. 

Agustín Roselli.

Ansiedad

Ese sabor amargo de querer las cosas de manera urgente. La eterna depresión por la falta de objetivos cumplidos, una cadena sin fin por las cuestiones no resueltas. La falta del goce, de la felicidad, del alivio, que producen esos largos procesos que tienen como fin un gran logro bien ganado.

Ese pensamiento que se tiene en cuenta como sentimiento y por tanto no se puede controlar. Mucho menos cambiar.

Ese estado, padre de las muchas impulsividades que generan un desgaste constante de energía mental. La piedra que impide el libre disfrute del presente…

Esa ansiedad que no logra dejarme en paz, que no me deja vivir….

Agustín Roselli.

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Un punto aparte dio lugar a un descanso que se deseaba hacía tiempo.

A través de la ventana veía los árboles moverse a causa del viento; el jardín brillaba pese a las sombras que producían las tantas nubes que merodeaban por el cielo. De fondo, un soul espléndido interpretado por músicos extraordinarios.

La armonía conducía las mentes a una paz silenciosa y el fuego proveniente de la parrilla hacía que las almas estuviesen cálidas y a gusto.

El dicho dice “siempre que llovió, paró”; este era el momento de parar, este era el momento de contemplar la calma y predisponerse a disfrutar el momento, el instante…el ahora.

Agustín Roselli.

Descansar

Los sonidos del silencio hicieron de su viaje un sincero placer. Viajaba tranquilo, sin un tiempo que le hiciera volver, con la mente despejada y una calma sin igual. El lugar le sonaba familiar, el aire le permitía estar a gusto y el sonido suave de la cascada le daba una intensa paz.

Sólo en ese sitio plácido se dio cuenta de que hacía tiempo anhelaba estar así. Lo único que debía hacer era disfrutar, el mundo exterior no existía, sólo eran él y el maravilloso paisaje, lleno de árboles sólidos y aves con dulces cantos.

Se recostó en el pasto, inhalaba aire puro y fresco; nunca antes se había sentido tan en calma. Cerró los ojos y descansó. Descansó de los problemas, de las responsabilidades, de los compromisos y hasta de él mismo, de su propia mente.

Percibió cada músculo de su cuerpo, sintió como se relajaban, y se entregó de lleno a soñar, a contemplar esa vivencia inigualable…a descansar, por fin, en paz.

Agustín Roselli.

Un adiós

Suspirar. Querer estar en otra parte, intentar teletransportarse con la mente, no poder hacerlo y sonreír de todas maneras. Intentar transmitir un poco de alegría pese a la oscuridad de alrededor, ser fiel al pensamiento y a las acciones de uno. Pensar, razonar el por qué de las tantas cuestiones que nos acompañan en esta vida, el por qué de las cosas. La impotencia se apodera del cuerpo, ya no hay salida. ¿Qué hacer? Nada.

No poder hacer nada. No poder controlar todo lo que nos rodea. No poder hacer feliz a alguien y no saber siquiera si ese alguien merece ser feliz. Observar como todo se desmorona. Callar la mente, frenar por un momento. Desaparecer, volver al rato y notar que todo sigue igual, como si el tiempo no hubiese avanzado.

Revivir momentos del pasado; reír. La nostalgia toma protagonismo en una noche calurosa, el aire denso impide respirar con normalidad y la humedad agobia. Llorar. Intentar cambiarlo todo, querer volver el tiempo atrás y no poder.

Finalmente, rendirse y partir. Despedirse, decir “adiós” y dirigirse hacia otro lugar más calmo, con paz y tranquilidad. Sentirse a gusto en ese sitio, no querer volver… Cerrar los ojos, contemplar el silencio, e intentar ser, después de todo, FELIZ…

Agustín Roselli.

Una sonrisa

El eterno sol cesó su luz, sumergió sus rayos en la noche oscura y fría; la luna no salió y las estrellas no brillaron. El cielo se fugó, los animales se extinguieron. El silencio era el único sonido, las horas no pasaron. El futuro no existió, el horizonte no se vio. Los mares se secaron, el aire se ensució.
Se escuchó una risa pequeña que pronto permutó en una carcajada monumental. Una sonrisa podría cambiarlo todo. Los ojos de la niña brillaron y dieron luz. Y el agua surgió de la tierra. Se comenzó a respirar pureza. Se observó el horizonte de colores radiantes, los animales disfrutaban su libertad. Las estrellas alumbraban con la luna y el sol llenó los cuerpos de energía y vitalidad.
Todo se volvió luz.
Todo era vida.
Todos tenían esperanza.
Todo era alegría.

Agustín Roselli.

Un lugar en el mundo

Recostado sobre la arena fría sentía las olas romper, la espuma blanca cada tanto tocaba sus pies, el sol le permitía mantenerse cálido y a gusto. Por un momento creyó estar solo en aquel mundo redondo.

La marea comenzó a subir y el agua alcanzó su espalda. Al cabo de un rato, se encontraba por completo bajo el mar; se oía un escalofriante silencio. Permaneció quieto. Las aguas revoltosas habían quedado por encima de él, a lo lejos; todo era  tranquilo y apacible. Aguantaba la respiración sin problema alguno. Por alguna extraña razón, se sentía parte de aquel húmedo lugar.

Comenzó a desplazarse. Nadar le producía un placer descomunal. Percibió un cansancio que le recorría cada músculo del cuerpo pero no le dio demasiada importancia. Jamás había sentido tanta libertad. Jamás había estado tan a gusto. Jamás había percibido una paz semejante.

De pronto, empezó a extrañar la suave briza, el sol templado, los paisajes inigualables de la tierra. Extrañó incluso, cosa que le pareció raro, a las personas; los humanos en general. Fue entonces cuando decidió regresar. Se alejó de los caracoles que guiaban su vista con sus brillos y de las variadas criaturas marinas que había conocido.

En la superficie, mientras se alejaba de la costa camino a su casa, dio un giro espontaneo, miró hacia atrás y reconoció que el mar, ese mundo que había conocido hacía instantes, sería por siempre, su lugar en el mundo.

Agustín Roselli

Extrañar

Añorar a alguien. Recordar su persona, su don de gente. Recordar su esencia, sus estados de ánimo. Su sonrisa. Sentirla cerca y a la vez lejos. Intentar recordar hasta el más mínimo detalle de todos los momentos compartidos. Extrañar su llanto.

Nombrarla. Hablar con ella, con su espíritu, con lo que sea. No obtener respuesta alguna y aún así seguir hablando.

Por un instante llorar.

Tener la necesidad de abrazar algún objeto que te haga recordar a esa persona.

Confiar en que siempre formará parte de nosotros, de nuestro pasado en forma física y de nuestro presente y futuro de la manera más hermosa que podemos: RECORDÁNDOLA.

Agustín Roselli.

Paz

Sentado, pensativo, observaba los árboles de toda clase y tamaño que se encontraban a su alrededor.

 De pronto, la arboleda comenzó a cambiar su color. Esa gama de verdes brillantes permutaron a un gris tenue y opaco.

 Los ruidos del entorno comenzaron a disminuir hasta quedar en el silencio más profundo y absoluto; sólo podía oír el aire entrando y saliendo de sus pulmones.

 En el ambiente abundaba una paz extraordinaria. Se le dibujó una sonrisa en la cara.

Su SER estaba en su punto máximo de felicidad. Su SER estaba en PAZ.

 Agustín Roselli

Preocuparme

Pensar todo el tiempo qué será de mí. En qué me convertiré en un futuro. Cuál es mi verdadero destino. Estar constantemente sumergido en un mar de dudas, a mí parecer, letales. No darle respiro a mi mente, mucho menos alivio. Pensar. Razonar. Planear…armarme lo posterior. Hablar todo el tiempo de disfrutar y vivir el hoy. Hablar es fácil, llevarlo al hecho es difícil. No parar un segundo.

Concentrarme en vivir el presente, pero ¿cómo? ¿Cómo se hace? ¿Cómo se deja de pensar? ¿Cómo me dejo llevar? Viviendo, supongo. Simplemente percibiendo el momento. Dar cuenta de lo que me rodea: los paisajes, los ruidos, los colores, los movimientos, la risa de un ser querido, la confidencia de un secreto de una amiga, las miradas…

Escuchar el latido de mi corazón, sentirlo.

Darme cuenta que el presente siempre está y que el futuro es, inevitablemente, inalcanzable.

Agustín Roselli.

Un stop.

Se encontró en una encrucijada: el celular marcaba varias notificaciones impostergables, la computadora tenía varios e-mails abiertos los cuales requerían de una pronta respuesta;  el ruido fijo del teléfono sonando no cesaba y, como si fuese poco, el lavarropas se hacía escuchar con un ruido denso y bien marcado, como si hubiese caballos de guerra en el espacio. 

Sintió la mente desorbitada. El cerebro apabullado. La sangre que circulaba por la sien fluía como tambores en pleno carnaval. La respiración se agitaba como un corredor a punto de ganar la carrera más larga de su vida, las manos le transpiraban y percibió una especie de taquicardia que lo asustó de tal manera que decidió cerrar los ojos. Se sumergió en el silencio de su interior y comenzó a flotar por un sitio ilustrado por su imaginario.

Lentamente la calma se fue apoderando de su cuerpo, la sangre comenzó a retomar el ritmo habitual y la respiración fue el centro de atención. Ya todo estaba bien, ya nada importaba más que su tranquilidad.

Finalmente, dejando de lado todo lo que tenga que ver con aparatos electrónicos, decidió agarrar su lapicera favorita, el block de notas que siempre lo acompaña y echarse a escribir…

Agustín Roselli.

Desaparecer

Solo un momento. Permanecer en un absoluto silencio. Sin ningún tipo de aparato electrónico. Sin preocupaciones absurdas y estúpidas. Abandonarlas, dejarlas ir. Descansar. Dormir. Dejar de pensar. Que nadie moleste. Cerrar los ojos. Sentir la briza en cada poro del cuerpo. Preocuparse únicamente por lo que se encuentra alrededor.

Soñar.

Sonreír.

Sentirse pleno.

Tener los sentidos en su punto máximo de percepción. Sentir. Alejarse del mundo real y sumergirse en el universo de la imaginación.

Respirar.

Idear.

Regresar a la realidad o permanecer en aquel mundo ideal.

Sentir PAZ.

 

Agustín Roselli.

Disfrutar

A menudo utilizo esa palabra en pos de desearle algo bueno a la gente. Tengo tatuado en la muñeca de mi mano derecha la palabra enjoy (“disfrutar” en inglés). Me encanta. Me gusta su significado. Creo que lograr el disfrute de todas las pequeñas y grandes cosas que la vida nos brinda es la clave para la plenitud. La clave fundamental de la vida.

Cada momento del día da lugar al disfrute. Sólo hay que permitírselo, transitar el momento, vivirlo. Disfrutar los logros, sí…pero también disfrutar el proceso que transcurrimos para obtener ésos logros. No se trata solamente de diversión –de más está decir que cuando nos divertimos, disfrutamos-. También disfrutar el silencio, el aburrimiento. Disfrutar las charlas familiares y entre amigos. Disfrutar ambos. Disfrutar un simple gesto positivo de un ser querido.

Disfrutar mientras escribo, deseando que aquel que esté leyendo esto esté disfrutando la lectura. Permitirse disfrutar el estar triste de vez en cuando. Disfrutar las comidas. Disfrutar el tiempo. Darse el tiempo necesario para todo.  Disfrutar los viajes. Disfrutar el constante aprendizaje.

Simplemente, disfrutar…

 Agustín Roselli

Crecer

Sin rumbo, a la deriva… El horizonte era su destino, el viento su guía.

Pensaba en lo que dejaba atrás; ese pasado brillante y a la vez oscuro. Creía que dejaba su esencia, sus sueños.

Quería sorprenderse, descubrirse. Encontrarse con lo desconocido. Sumergirse en un pantano de nuevas experiencias.

Convertirse en alguien. No ser invisible. Perdurar en el tiempo.

Despertar de ese maldito sueño en el que se veía sin futuro, sin sentido, sin ilusiones cumplidas, sin felicidad.

El temor, era su aliado. Las dudas asomaban sus narices a toda hora, en todo lugar, en cada momento.

Fracasar era posible pero, también, sabía que podía lograrlo; cumplir sus sueños, ser su propio rumbo, crecer, amar, ser amado.  Ser alegre, feliz. Tener paz, bondad. Ser sabio. Tener noción de que se puede aprender y que la vida es un tiempo lleno de oportunidades que no debemos desaprovechar jamás…

Agustín Roselli

Animarse

Se le acababa de ocurrir una idea que inundaba su mente por completo. Se sentía decidido y confiado al principio. Posteriormente las dudas comenzaron a hacerle ruido, la palabra “pero” apareció de sorpresa y se multiplico sin control alguno. La confianza en él mismo bajó vertiginosamente.

 

Necesitaba, más bien, quería hacerlo, sin embargo había algo que no le permitía avanzar. Por un momento se sintió ahogado, como si todo el aire del lugar no era suficiente para lo que su cuerpo requería. 

Temía dar el paso, hacer el cambio y dejar que la vida lo sorprenda. Acudió a personas cercanas pero ninguno podía ayudarlo; él debía responder sus propias preguntas… 

Sin estar muy decidido lo hizo, dejó que la vida lo sorprenda, se tiró al mar sin salvavidas confiando en que nadaría. 

Finalmente, comprendió que ésa era la clave: animarse.

 Agustín Roselli

Llegar a casa.

Se echó a volar. Sus alas de colores exóticos se expandieron por los aires. Iba contra el viento pero no se detenía. La vista panorámica deslumbraba sus pequeños ojos negros. El paisaje era su fiel compañero de viaje. La copa de los árboles lo saludaban al compás de las corrientes de aire y los ríos lo seguían a toda marcha. Las otras especies que volaban por el lugar lo honraban.

Se dirigía a reencontrarse con los demás, con los de su especie, que aguardaban ansiosos su llegada. Ni el hambre ni la sed lo harían decaer. Su fortaleza era en verdad admirable. Su orgullo y valentía no le permitían mirar atrás.

Tardara lo que tardara sabía que llegaría. Nada podría impedir su paso, ya nada lo iba a debilitar. Lo que le daba fuerzas para seguir era imaginarse la sonrisa de su bandada al verlo regresar, sano y salvo, a su verdadero hogar…

Agustín Roselli.

Escribir.

Tengo ganas de escribir, simplemente escribir. Llenar una hoja de papel con letras que a veces se convierten en garabatos por la urgencia de querer escribir a la par de lo que pienso, cosa que se torna imposible pues la mente es más rápida y le gana por goleada a la habilidad motriz de mi mano.

Escribir me traslada a un mundo ideado por mi imaginario, a mis fantasías. Me tranquiliza, me hace pensar y conseguir la paz que necesito cuando hay tormentas internas en mí, producidas por pensamientos o acciones que realizo.

A veces la escritura es una buena descarga de la mente, una descarga de esas que ni con varias sesiones de terapia consigo, lo que conlleva a reflexionar sobre mí mismo y nuestro entorno. Me lleva a cuestionar cosas que, en varias oportunidades, me complican la existencia como la tan clásica “¿soy feliz actualmente?”, que desencadena en miles de pensamientos y decisiones difíciles de tomar.

A medida que escribo voy pensando si alguien algún día leerá esto y qué le producirá ¿Risa? ¿Vergüenza ajena? ¿Tranquilidad?; si algún día yo mismo volveré a leer estas líneas y pensaré en estos momentos que serán parte de mi pasado.

¿En qué momento de mi vida me encontraré? ¿Qué será de mi futuro? ¿Qué es el futuro?…Podría estar horas escribiendo sobre eso y una cosa llevaría a la otra transformándose en una cadena difícil de finalizar, pero es tiempo de volver a la realidad, es tiempo de abandonar las líneas y volver a las acciones, es tiempo de vivir..

Agustín Roselli./>