Año nuevo

Llega el cierre de año y todos, sin querer, empezamos a reflexionar. Pensamos en lo bueno y lo malo que atravesamos durante los últimos 365 días. Analizamos los cambios que hicimos, los errores que cometimos y nos felicitamos por los logros que cosechamos.

Por un lado nos sentimos motivados y, por otro, nos llenamos de nostalgia. Se nos viene a la mente el tan típico “¿qué hubiese pasado si…?”.

Jamás podremos encontrar respuesta a eso. Jamás podremos saber cómo hubiese sido nuestra vida si las decisiones hubiesen sido otras.

Pero de eso se trata. De aceptar que no todo se puede saber; no todo se puede conocer; no todo se puede hacer; no todo tiene que salirnos perfecto.

Y al aceptar, nos aceptamos. Nos perdonamos. Nos entendemos. Nos queremos. Y no es egoísmo sino amor propio, inteligencia emocional y abundancia espiritual.

Así nos empezamos a preparar para el nuevo año.  Empezamos a tomar consciencia de que no importa lo que nos propongamos sino lo que estemos dispuestos a trabajar para mantener eso que logramos. Esa paz que en algún momento supimos tener, ese pequeño momento que pudimos estar presentes, ese momento en el que pudimos, de verdad, disfrutar.

Porque de eso se trata. Sea principio, mitad o fin de año. El objetivo siempre es disfrutar.

A.R

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